La metafísica y las ciencias naturales : comentarios á los discursos leídos por Marcelino Menéndez Pelayo d Alejandro Pidal y Mon en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en 15 de mayo (1891) sobre los orígines del criticismo y del escepticismo y especialmente de los precursores españoles de Kant / Gaspar Gordillo Lozano.
- Gordillo Lozano, Gaspar.
- Date:
- 1891
Licence: Public Domain Mark
Credit: La metafísica y las ciencias naturales : comentarios á los discursos leídos por Marcelino Menéndez Pelayo d Alejandro Pidal y Mon en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en 15 de mayo (1891) sobre los orígines del criticismo y del escepticismo y especialmente de los precursores españoles de Kant / Gaspar Gordillo Lozano. Source: Wellcome Collection.
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No text description is available for this image![diente de otra lesión cerebral; esto es evidente; pero ella en sí no es la enfermedad cerebral; de la misma manera que la razón no es la función del cerebro solo, sino del ce- rebro humano mientras vive y funciona bien. El que pien- sa es el hombre] pero al querer sintetizar lo que es el hom- bre, no halla el fisiólogo medio de hacerlo fácilmente, y le tendría más cuenta repetir con Hipócrates: «Principñum hominis mihi quidem nullum esse uidetur; sed partes omnes péraeque principium, omnes finís. Deseripto namque circu- lo fprincipium non invenitur.» Y si este texto se le hace lar- go y pesado por estar escrito en latín y ser original de un hombre que vivía en la Olimpiada octogésima tercera, puede sustituirlo con este otro más breve, y acabará an- tes de decir lo que la Fisiología sabe respecto á ese par- ticular; Ignoramus. ¿Quiere esto decir, que las funciones intelectuales sean sólo manifestaciones del cerebro como órgano puramente material? De ninguna manera; lo que quiere decir, es que sin la integridad del cerebro no se puede pensar acordes, ni se puede querer, ni se puede recordar, ni se puede ca- vilar nada que lleve orden ni concierto, como sin el ojo, sin el oído, sin el gusto, sin el olfato, y sin el tacto sanos, no se puede ver, oir, gustar, oler ni palpar. Suprímanse esos sentidos, y quedará únicamente un cerebro, que tal vez pensaría él solo allá en las profundidades de su sole- dad; pero de cuyas operaciones no podemos tener una idea siquiera aproximada. Queden, por el contrario, los cinco sentidos con sus sensibilidades especiales, lo que presu- pone su comunicación con el cerebro; pero que pierda éste su integridad, y ya no hay hombre; hay una máquina, hay un ser con figura de hombre, más ó menos feroz, más ó menos inofensivo é idiota; pero nada más. El hombre de más talento puede quedar convertido en un autómata de la noche á la mañana, sólo con que se derrame una gota de sangre en el espesor de la masa cerebral ó entre esta masa y el cráneo. Con menos hay bastante. La simple obstruc- ción de una arteriola cerebral por medio de un coágulo imperceptible que mande el corazón al cerebro en una olea- da sanguínea, basta para trastornar instantáneamente las funciones intelectuales mejor fundamentadas. Newton lie-](https://iiif.wellcomecollection.org/image/b22275460_0049.jp2/full/800%2C/0/default.jpg)