Manual de la salud, ó medicina y farmacia domesticas / por F.V. Raspail.
- François-Vincent Raspail
- Date:
- 1856
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Credit: Manual de la salud, ó medicina y farmacia domesticas / por F.V. Raspail. Source: Wellcome Collection.
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![enigma que le va á adivinar. El uno dirá en tal caso: es la bilis; el otro es la sangre; y el tercero son los nervios; pudién- dose reducir todo á decir que era una simple espina si después de muerto el enfermo se le sometiese á unasauptosia minucio- sa. Las mismas reflexiones pudiéramos hacer con respecto á los venenos, á los miasmas, insectos, &c. En todos estos casos el estudio de la enfermedad corresponde al buen juicio, cuando la causa está al alcance de los sentidos. Pero desde que se ocul- ta á nuestra penetración, corresponde al dominio de la docta ciencia, y desde entonces nadie comprende ya nada; porque en medicina se ha desculando siempie seguir el hilo de la analo- gía, raciocinar por inducciones, y proceder por medio de la de- mostración. 21 En medicina, jamas la similitud de efectos ha servido PARA REVELAR LA SIMILITUD DE CAUSAS; Y CUANDO LA CAUSA HA PERMANECIDO OCULTA, NADIE HA RECURRIDO A LA ANALOGIA PARA ADIVINARLA. 22. Nosotros hemos seguido una marcha diferente, cuya es- plicacion se encuentra en nuestra estensa obra (1); resulta de esta demostración, que no hay una sola enfermedad en el cua- dro de los padecimientos humanos, cuya caus* no sea suscep- tible á nuestros sentidos; de modo que cuando no se manifies- ta, es siempre posible adivinarla, y apreciar, si no su naturaleza específica, á lo menos en mecanismo y su modo de obrar. Los que queriendo profundizar un asunto de tan alto interés; se tomen la molestia de recurrir al estudio de esa obra, se con- vencerán de que no podemos enfermar mientras el aire que nos rodea sea respirable; los alimentos asimilables; mientras que el movimiento periódico active el ejercieio de los órganos, en tan- to que ningún veneno se filtre en la circulación ó cauterice nuestras membranas, que ninguna causa de destrucción desgar- re nuestros órganos, ni opere en ellos graves soluciones de con- tinuidad, y por último, mientras que ninguna idea triste y de- sesperada, ninguna causa moral, en una palabra, paralice el juego de nuestras funciones esenciales. Todas las causas de nuestras enfermedades se comprenden en una ú otra de las categorías de este cuadro. 23. Si alguna de estas causas no viniese á turbar el ejerci- cio de nuestras funciones, la muerte no seria sino el término de la carrera que la naturaleza ha trazado á nuestra longevidad: no moriríamos sino de vejez, y nos estinguinamos sin sulnr. Pero desgraciadamente en nuestra sociedad menesterosa y re- [1] Hist. Nat. de la salud y de la enfermedad.](https://iiif.wellcomecollection.org/image/b2039701x_0016.jp2/full/800%2C/0/default.jpg)


